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lunes, 13 de abril de 2009

QUE HACER PARA CANTAR BIEN ?

Extractos del libro L’Oreille et la Voix” de Alfred Tomatis

Traducción de Fernando Núñez Bustos

www.tomatis.cl

Todos los circuitos neurofisiologicos que se han analizado [en esta obra] ponen de manifiesto el rol capital del oído. Sabemos que de éste depende la organización del conjunto postural del cuerpo y en particular, del cuerpo del cantante. Pero para que esto ocurra es necesario que el oído sea capaz de escuchar correctamente. Mientras no se adquiera esta habilidad, el canto no podrá alcanzar nunca su máxima expresión.

Si las condiciones se reúnen aparecerán respuestas automáticas que van a estructurarse a partir de mecanismos innatos, pues escuchar es una facultad natural del hombre. Por eso intentamos hablar y cantar espontáneamente. Hoy sabemos que cada uno de esos actos requiere de una postura cocleo vestibular determinada, es decir, que el aparato auditivo debe posicionarse de tal manera que las respuestas neuromusculares y sensoriales permitan alcanzar la postura ideal para la emisión.

No basta abrir la boca para cantar bien. Hay que encontrar los automatismos correspondientes y eso requiere de preparación y dedicación permanente, a pesar de la facilidad o de la espontaneidad que se pueda tener. Siempre habrá que estar renovando y redescubriendo la técnica para mantenerla. En otras palabras, aunque la voz este ahí, siempre será necesario ejercitarse para mejorarla. Así como es de fácil pararse en el suelo y más complicado hacerlo en un cordón de acero, así también es fácil emitir un sonido cualquiera y mucho mas complejo emitir sonidos de calidad. La belleza de una voz cantada se puede comparar con el virtuosismo de un equilibrista que en todo momento le exige múltiples y sutiles coordinaciones para poner en relación simultáneamente la laringe, la faringe, la lengua, las fosas nasales y los pulmones, por no citar solo algunos de los órganos principales.

En el arte vocal no hay milagros, porque por muy dotado que estemos no se puede adquirir un virtuosismo sin la mediación de un entrenamiento preciso, ensayado, inteligente, cada vez más fino y sutil y bajo el control de un maestro. Es imposible avanzar en esta carrera sin la ayuda de un experto, de un profesor de alto nivel. La explotación profesional de una “voz natural” necesita la supervisión de un oído capacitado, de un maestro preparado para este tipo de control, capaz de proteger ese capital y aumentar su eficacia. Su rol es hacer que el discípulo tome conciencia de todo lo que sea capaz de emitir espontáneamente, de modo que una vez que se despierten en él las sensaciones propioceptivas correspondientes, pueda reproducir esos sonidos a voluntad y de manera idéntica. El acto cantado, por muy innato que sea, debe pasar a ser un acto voluntario.

Para alcanzar una ejecución perfecta es fundamental que todos los gestos pasen antes por una larga fase de aprendizaje. Es obvio que si este gesto no se logra adquirir habrá que volver a buscarlo en su perfección original o por lo menos tal cual este debería haber sido y luego, en un segundo tiempo, volver a intentar su reproducción perfecta.

Estas son horas y horas de entrenamiento a lo largo de muchos años de estudio. Afortunadamente, hoy, el aprendizaje de las sensaciones propioceptivas puede ser acortado sin excluir el trabajo con el maestro ni el training cotidiano. Todo ese periodo fastidioso relacionado con las dificultades del estudiante para comprender e integrar el lenguaje metafórico que usa el profesor para transmitir sus sensaciones, puede ser reducido significativamente. Esto se hace colocando al profesor y al alumno en la misma “onda”, es decir, despertando por medios electrónicos las sensaciones de las cuales habla el maestro, porque es ahí justamente, en las dificultades que encuentra el alumno para percibir esas sensaciones, donde nacen las grandes confusiones que terminan en peligrosos e inadecuados aprendizajes.

El oído es el centro del aprendizaje del canto. Por eso hay que procurar que la audición sea buena desde el comienzo. Primero hay que tener la certeza que esta es de calidad. Luego se enseñará a escuchar, y cuando esta facultad este bien desarrollada habrá que ver si la persona sabe escucharse ella misma. Todo este proceso implica una toma de conciencia progresiva que va de la escucha a la auto-escucha.

Una vez que seamos capaces de escoger los sonidos que deseamos emitir trataremos de captar con minuciosidad y aplicación las sensaciones propioceptivas asociadas a las contra reacciones audio-vocales que provoca esa emisión.

Una vez alcanzada esta etapa se podrá pasar a la práctica cotidiana bajo el control de una maestro de canto, que deberá conducir al estudiante a una ejecución más elaborada y profesional. En otras palabras, antes de aventurarse en el arte del canto conviene establecer una infraestructura audio-fonatoria con el fin de evitar perder el tiempo -a veces durante muchos años- y de alterar eventualmente la laringe debido a la habituación de sensaciones neuro-sensorio-motrices de mala calidad. Y todo por la falta de un control satisfactorio.

Si se logra instalar una buena infraestructura neuro fisiológica, el profesor de canto tendrá frente a él un alumno preparado para escucharlo y para beneficiarse de su enseñaza, sin las dificultades provocadas por las distorsiones de un oído no preparado o inepto para escuchar.

De esta manera todos se encuentran, especialmente el alumno y el maestro. El discurso de este ultimo tendrá resonancia real en el alumno que, por este hecho, sabe aprehender sin malas interpretaciones lo que se le propone a lo largo de su educación vocal. En suma, maestro y alumno hablaran el mismo lenguaje, basados en una misma manera de percibir. De allí que se puede hablar de una mayor facilidad para encontrar el gesto vocal apropiado.


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